Una web de una página puede estar en dos o tres semanas. Una web de servicios con varias secciones, entre cuatro y ocho. Una tienda online, de seis a doce. Lo que marca la diferencia casi nunca es el diseño: son los textos, las fotos y las decisiones que se toman a tiempo.
La pregunta llega casi siempre en la primera conversación: cuánto se tarda en tener la web lista. Y la respuesta honesta es que depende menos del diseñador de lo que parece. El plazo lo marcan tres cosas: el tipo de web que necesitas, la velocidad con la que llegan los contenidos y las decisiones que se toman por el camino. Un negocio que tiene claros sus servicios, sus fotos y sus textos puede tener una web de servicios en marcha en un mes. Otro que empieza a pensar en el logo cuando ya está todo montado puede tardar el doble.
Aquí tienes plazos orientativos por tipo de web, qué es lo que suele alargar cada proyecto y qué puedes hacer tú para que no se te vaya la fecha. Si estás a punto de contratar, esto te ayuda a comparar presupuestos con criterio y a no llevarte sorpresas.
La web de una sola página (lo que se llama landing page o one page) es la más rápida de montar. Sirve para un servicio concreto, una campaña o un negocio que empieza y necesita presencia ya. El diseño y la maquetación se resuelven en pocos días. El grueso del plazo es el contenido: el titular, los textos de cada bloque, las fotos y los botones de contacto.
Si llegas con todo eso preparado, una página puede estar publicada en una o dos semanas. Si los textos se escriben sobre la marcha y las fotos son de móvil sin retocar, el plazo se va a tres o cuatro semanas sin que el diseño haya cambiado. La página en sí no es el cuello de botella.
Para este tipo de proyecto conviene tener claro qué quieres que haga el visitante: llamar, escribir, reservar o comprar. Si no lo tienes claro, el diseño se eterniza porque cada bloque se discute dos veces. En qué es una landing page y cuándo la necesitas lo explicamos con ejemplos.
Una web de servicios para una clínica, una asesoría, un restaurante o un profesional autónomo suele tener entre cinco y diez secciones: inicio, servicios, quién eres, precios o tarifas, contacto, aviso legal y poco más. El diseño y la maquetación se resuelven en dos o tres semanas si el contenido llega a tiempo. El resto es contenido y revisiones.
Lo que más alarga este tipo de proyecto es la toma de decisiones. Cambiar el orden de las secciones a mitad de camino, reescribir los textos tres veces o pedir una versión nueva del logo cuando ya está todo montado suma semanas. También suma no tener las fotos: una sesión de fotos profesional puede tardar en agendarse y en entregarse.
En nuestra página de diseño web tienes cómo trabajamos estos proyectos y qué incluye cada fase. Si quieres comparar antes de decidir, en cómo elegir agencia o diseñador web damos criterios para no quedarte con el presupuesto más barato sin mirar el resto.
Una tienda online tiene más piezas: catálogo de productos, fichas, precios, variantes, stock, pasarela de pago, envíos, devoluciones y aspectos legales. La parte de diseño y configuración se puede resolver en tres o cuatro semanas. Lo que dispara el plazo es el catálogo y la logística.
Si tienes cien productos con fotos y descripciones, la tienda puede estar en seis u ocho semanas. Si tienes que fotografiar y describir cada producto desde cero, el calendario se va a doce o más. También alarga la puesta en marcha la pasarela de pago: elegir entre Stripe, Bizum, Redsys o PayPal y validar la cuenta puede tardar. En qué pasarela de pago elegir lo desglosamos.
Antes de encargar una tienda, decide qué vendes, cuántos productos hay, cómo los envías y quién atiende las devoluciones. Si eso no está claro, el proyecto se para aunque el diseño esté terminado. En cuánto cuesta una tienda online tienes una guía de precios y fases para hacerte una idea.
Los cuatro frenos se repiten en casi todos los proyectos. Los textos, porque nadie tiene tiempo de escribirlos y se dejan para el final. Las fotos, porque una sesión profesional no se agenda de un día para otro. Las decisiones, porque cada cambio de rumbo obliga a rehacer parte del trabajo. Y los accesos, porque el dominio o el hosting están a nombre de alguien que ya no está o en una cuenta que nadie recuerda.
Hay un quinto freno que no se ve: el perfeccionismo. Una web no tiene que estar perfecta para publicarse. Puede salir con lo esencial y mejorarse después. De hecho, casi todas las webs que hacemos se publican y luego se ajustan con datos reales de uso. Esperar a tenerlo todo impecable es la forma más común de no lanzar nunca.
Si tu web actual tarda en cargar o no aparece en Google, eso también afecta a la percepción de profesionalidad. En nuestro estudio de velocidad medimos 17.838 webs de pymes y profesionales: solo el 4,9 % carga el contenido principal en 2,5 segundos o menos. La mediana tarda 8,1 segundos. Una web lenta espanta al cliente antes de que llegue a leer.
La forma más eficaz de acortar el plazo es llegar con deberes hechos. No hace falta que tengas todo perfecto, pero sí que haya un mínimo sobre la mesa antes de que empiece el diseño.
Con esto, una web de servicios puede estar en cuatro o cinco semanas sin prisas. Sin esto, el mismo proyecto se va a diez u doce y nadie sabrá muy bien por qué. Si quieres saber cuánto cuesta una web para tu negocio, en nuestra guía de precios tienes las tarifas publicadas y qué incluye cada una.
Si estás pensando en encargar la web, mira cómo hacemos el diseño web a medida.
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